
Al final fueron sólo cinco días (del 2 al 7 de septiembre), pero cinco días de auténtico lujo.
El lujo consistió en desayunar y cenar cada día ante un paisaje divino y unas puestas de sol dignas de las mejores películas, además de ser los únicos huéspedes del albergue-refugio de los Ancares.


El lujo consistió en poder limitarnos a dormir, comer, pasear y leer, alejados de televisores, ordenadores, teléfonos, coches y todo tipo de contaminación (acústica, lumínica, atmosférica...).


El lujo consistió en respirar aire limpio y disfrutar de la naturaleza en la más absoluta tranquilidad, pues fuimos los únicos que estuvimos paseándonos por aquellas montañas de perfiles dóciles durante todos esos días. (Sigo sin comprenderlo.)






Por lo que hemos visto hasta el momento (y ya hemos ido a la Serra do Courel, a Peña Trevinca y a varios lugares de la provincia de Pontevedra y Orense), ésta es la parte de Galicia mejor conservada desde el punto de vista ecológico, si bien también presenta las huellas indelebles de incendios pasados, talas descontroladas y un exceso de pistas destinadas al tráfico rodado. En realidad, se trata de una Reserva Nacional de Caza creada en tiempos del Caudillo. En mi humilde opinión, esto ahora debería ser, por lo menos, Parque Nacional; la caza menor ya no está permitida y creo que ésta sería la mejor fórmula para que en un futuro se siguiera conservando la riqueza orgánica que aún perdura en estas tierras de pizarra y granito que unen Galicia con León: robles, hayas, castaños, acebos, tejos, rebecos, jabalíes, aves rapaces, musarañas, perdices... (Si ampliáis la siguiente fotografía, veréis la silueta de un rebeco que no nos quitaba ojo.)




En los Ancares gallegos existe cierta actividad turística en forma de casa rurales. Y resulta interesante visitar las ahora denominadas pallozas (antes, casas de teito) - las construcciones habitadas más antiguas de Europa, dicen -. En Piornedo, por cierto, hay una palloza museo por la que bien vale la pena pagar 1 euro.



Desde el punto de vista montañero, -no voy a aburriros con fríos datos sobre la altitud de las cumbres a las que ascendimos, desniveles y horas destinadas a nuestras excursiones-, quisiera comentar que las guías y mapas de esta zona, así como los supuestos senderos que la atraviesan, dejan bastante que desear. Si el objetivo de tal desinformación es que no se llene de turistas, me parece genial. Pero me da que tampoco va por ahí la cosa... Uno de los días nos pasamos 6 horas buscando un sendero que los helechos habían hecho desaparecer parcialmente. Lo bueno del caso, no obstante, fue que, en nuestra búsqueda, nos adentramos en un bosque tan frondoso como dolorosamente hermoso... (Al final, tuvimos que trepar río arriba hasta hallar el sendero.)




El último día hicimos muy buenas migas con un individuo melenudo y jovial que se nos presentó al inicio de la jornada para hacernos de guía a lo largo de 5 horas. Suponemos que esa mañana el tipo en cuestión (al que bautizamos como Goliath) se había levantado con ganas de salir de paseo y nosotros le debimos de aparecer como caídos del cielo.

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Y, bueno, hay muchas más fotos pero creo que esta selección sirve para hacerse una idea de nuestras últimas vacaciones, durante las que, si algo ganamos, fue salud. Sin duda.
(Haced clic en el título de esta entrada para acceder a la página web de Os Ancares.)
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